Todo el mundo se pone nervioso el primer día de trabajo. Lo único que quieres es que salga lo mejor posible, causar una buena impresión y aprender todo lo que puedas sin agobiarte, ¿verdad? Pues aquí tienes algunas formas de asegurarte de que todo lo anterior haga que tu primer día como nueva niñera termine con buena nota.
La comunicación es la clave
Antes de empezar a trabajar, es importante que entiendas lo que tu familia espera de ti en tu nuevo puesto. Asegúrate de que te sientes cómodo con lo que te han dicho y, si tienes alguna duda antes de empezar, pregúntales. Si todo el mundo está de acuerdo cuando empiece su primer día, no habrá sorpresas innecesarias. Aclara tu papel en lo que respecta a las tareas domésticas, la gestión del tiempo, las rutinas, las horas y cómo y cuándo se te pagará. Los padres agradecerán que te prepares con antelación. Puede que incluso se te ocurran cosas que a ellos no se les han ocurrido.
Definir objetivos diarios
Un día de éxito como niñera es aquel en el que se han cumplido o superado las expectativas. Averigua cuáles son los objetivos de la familia para cada día en lo que respecta a las rutinas diarias, el colegio, las tareas, el recreo, las comidas, los tentempiés, el sueño y el baño. ¿Alguno de los niños toma medicación a diario? ¿Limitaciones físicas? ¿Preferencias específicas? Pregunte a los padres cómo esperan que transcurra el día y haga un plan para cumplirlo al pie de la letra. Por supuesto, sin dejar de lado la diversión y las aventuras.
Preséntese preparado
Ten un plan para el día a día. Dedica un poco de tiempo a saber qué le gusta a cada niño y busca la manera de incorporar sus gustos y actividades preferidas a los días que tienes por delante. Piensa en ello como una especie de “plan de niñera”, del mismo modo que un profesor crea un plan de clases. Pregúntale si puedes añadir cada semana actividades como una clase de gimnasia para bebés o una sesión de cuentos en la biblioteca local.
Esperar lo mejor, prever lo peor
Ten siempre a mano los datos de contacto de los padres. Lo mismo ocurre con otros números de emergencia, como el del pediatra del niño o el del Servicio de Toxicología. Averigua dónde se encuentra el servicio de urgencias más cercano.
Además, toma nota de dónde está el botiquín, el botiquín de primeros auxilios y todas las “zonas de peligro” de la casa donde viven los niños. ¿Hay piscina? ¿Hay puertas para bebés? ¿Dónde están las distintas salidas? Conocer toda esta información es vital, y cuanto antes te familiarices con ella, mejor.
No te pases con los niños
No vas a establecer una relación significativa con los niños en tu primer día. Esas cosas tardan tiempo en crearse, gestionarse y crecer. En su lugar, aproveche los primeros días (y semanas) para conocer las personalidades de cada niño a su cargo. ¿Qué actividades prácticas les gustan? ¿Cuáles son sus personajes de fantasía favoritos? ¿Qué libros les hacen reír? Busca formas de interactuar con cada niño sin presionarles hasta que los conozcas mejor. Colorear dibujos juntos o dar un paseo por la naturaleza en su barrio: estas cosas les mantienen en su zona de confort y te permiten conocerles mejor.
Informe a los padres sobre la jornada
Un resumen al final del día de lo que hizo con sus hijos durante todo el día será probablemente una parte bienvenida de la rutina diaria para usted y los padres. Hágales saber qué comieron sus hijos y de qué actividades disfrutaron. Si surgió alguna pregunta que no sabías cómo responder o si te das cuenta de que necesitas su orientación sobre cómo abordar las distintas situaciones que pueden surgir a lo largo del día, ésta es tu oportunidad de ser minucioso y demostrarles que eres considerado. Deja la casa como estaba (o mejor) que cuando llegaste por la mañana, y comunica a los padres lo que has preparado para el día siguiente.
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