Reconozcámoslo: las redes sociales han cambiado nuestra forma de actuar. Instagram, Facebook y Twitter se han convertido en álbumes de recortes virtuales que ponen de relieve los entresijos de nuestra vida cotidiana. El problema es la audiencia. Tendemos a pensar que nuestro público es una extensión de nuestro círculo íntimo, y las redes sociales se han convertido en una forma de comunicar los acontecimientos de la vida con nuestros allegados. Sin embargo, nuestras redes sociales van mucho más allá de nuestro círculo semiprivado. Llegan a conocidos, compañeros de trabajo, jefes e incluso a personas que no conocemos en persona. Atrás quedaron los días en que la primera impresión se daba con un apretón de manos. Hoy en día, nuestras redes sociales son la portada del libro de quiénes somos, y están a la vista de todos.

Cuando se trata de trabajar con niños, en algunos casos el nivel de exigencia es aún mayor que en otros sectores. Son modelos a seguir, ejemplos, personas a las que admirar, y deben asegurarse de que lo que muestran en las redes sociales lo refleje. Tus perfiles en las redes sociales pueden ayudarte a conseguir o mantener el trabajo de tus sueños, pero también pueden cerrarte la puerta a esa oportunidad con la misma rapidez. Tus fotos, tus comentarios, el contenido que compartes, las opiniones que expresas… todo esto puede ser objeto de escrutinio por parte de futuros o actuales empleadores. Te guste o no, las redes sociales se consideran un reflejo directo de quién eres como persona para quienes no te conocen personalmente.

Como casamenteros profesionales, nos hemos dado cuenta de que mantener una imagen profesional y “limpia” en Internet es tan importante como tu presentación en persona. Esto incluye salir de tus cuentas y buscarte a ti mismo para asegurarte de que todo lo que crees que es privado, realmente lo es. A veces, una pequeña configuración puede permitir que ese fin de semana salvaje en Cabo sea visto por otros porque la hermana de tu amigo publicó selfies y te etiquetó. Usa palabras clave en tu búsqueda, como “fiesta universitaria”, “bar” y “relación”. Te sorprenderá que estas etiquetas te muestren fotos totalmente diferentes a las de una búsqueda estándar. Te sorprenderá lo que hay ahí fuera. No todo está bajo tu control, pero si está ahí fuera, necesitas tener una respuesta preparada si te preguntan sobre ello.

La clave es ser coherente y minucioso. Sabemos de una niñera que perdió su trabajo por la descripción que hacía de sí misma en su cuenta de Etsy. Piensa en tu presencia online completa y total, no solo en lo primero que te venga a la mente. ¿Qué hay en tus tableros de Pinterest? ¿Sigue abierta esa antigua cuenta de MySpace? ¿Publicó un vídeo en YouTube hace cinco años y se olvidó de él? Asegúrese de ser la misma persona profesional y pulida en todos sus sitios web. Tu perfil de LinkedIn debe coincidir con lo que vendes. Quieres conseguir o conservar un trabajo. Incluso si has trabajado como actor en el pasado, retira esas fotos antiguas y deshazte de la página de IMDB. Quieres asegurarte de que las personas con las que te entrevistes te ven comprometido al 100% con tu profesión y, por extensión, con sus hijos.

Por último, tenga en cuenta la privacidad de los niños. Nunca debe tomar ni publicar imágenes de sus pupilos sin el permiso expreso de los padres. Incluso debe evitar tomar y publicar fotos en su casa o en sus alrededores. Respetar la intimidad va muy lejos. En esa misma línea, la privacidad incluye ser consciente de las historias que compartes en línea. Aunque omitas los nombres, nunca sabes quién está leyendo lo que publicas y no hace falta que un experto indague mucho para descubrirlo. Desactiva las funciones de localización en horas de trabajo: nunca etiquetes tu paradero en horas de trabajo. Te pones en peligro a ti mismo y a los niños innecesariamente, aunque sólo sea una foto tuya. Es imposible saber quién está ahí fuera vigilando.

En caso de duda, considera esta regla empírica: ¿estarías dispuesto a decir o compartir esta información con tu abuela? Si no es así, quizá debas replantearte publicarla. Tienes que pensar que eres una figura pública, cada uno de cuyos movimientos podría volverse en tu contra algún día. Si compartes algo en un foro de niñeras, asegúrate de que no te importaría que tu empleador lo leyera. No hay que dejar las cosas por escrito: nunca se sabe cuándo caerán en las manos equivocadas. No sólo quieres proteger tu relación, sino que no quieres herir los sentimientos de nadie por un error de juicio momentáneo.

En resumidas cuentas, tu presencia general en Internet debe ser profesional y algo que puedas recordar dentro de 10 años y que no te haga avergonzarte. Es divertido compartir fotos, historias, opiniones y mucho más con tus redes sociales, pero recuerda que lo que aparentas ser online es un reflejo directo de lo que eres en realidad, y cuando se trata de ser profesional, debes parecerlo y parecerlo incluso online.

 

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